Agonía la mía por ser invisible a tus ojos soberanos, que aún llenos de brillo y recelo no pueden revelarme, quizás por limitarse a lo material y yo ser un container de sentimientos solapados.
Agonía es soportar que estés libre de ataduras. Verte dormir, en el seno de tu confianza y sin que registres una mirada. Sentir tus pasos aún separándonos un abismo.
Desgraciado soy por escuchar tu respiración, por sentir tu calor, tu perfume, por contemplar tu intimidad toda… por incluso tocarte… y que no adviertas nada!
Agonía la mía por querer convencerme de que transformarte es posible, por quererle encontrar curvas a un cuadrado perfecto, por querer inventar fórmulas mágicas que logren extinguir mis enredos melancólicos…
Agonía la mía por querer, querer y querer sin detenerme a ver que es lo que tu quieres.
Agonía eres tú, pero eres también mi sustento. Perdona por tratar de retenerte cuando no me perteneces. Perdona si pretendiendo infundir luz, consigo encandilarte.